jueves, 6 de agosto de 2009

El lenguaje es el primer síntoma.

Es por todos sabido que el lenguaje es el vehículo de nuestros pensamientos, que de la forma de decir las cosas se puede deducir la intención inicial del hablante, que existe un nexo de unión entre el como se dicen las cosas y el por qué, ahora bien, es menos sabido y no por ello menos cierto el razonamiento inverso: que si induces a una persona a hablar de una determinada manera, automáticamente se desarrollará en ella una determinada opinión.

Expondré a continuación un ejemplo esclarecedor no sólo del uso del lenguaje con fines tendenciosos, si no también de la maldad intrínseca de las personas que trabajan activamente por el aborto libre en nuestro país.

Hace tiempo asistí como espectador a un debate televisivo, contrariamente a las burdas manipulaciones a que estamos acostumbrados en estos casos el debate parecía bastante correcto, tan sólo la increíble desproporción de abucheos del público te hacia darte cuenta de que estabas en Televisión Española, y que por supuesto, la casa tenía una opinión próxima a los postulados más progresistas. Dichas posiciones humanistas estaban siendo defendidas con bastante vehemencia –que no argumentos- por Eva Rodríguez Armario, a la sazón presidenta de ACAI. Nuestra amiga Eva, que quizá prefiera ser llamada Lilith, ofrecía el saludable aspecto que te dan una decena de operaciones estéticas, pómulos, labios y botox hablaban por ella, nos mostraban una saneada economía, sin duda producto de los buenos réditos que la daban sus clínicas abortistas, y nos permitía conocer su parte más utilitarista y prosaica, amén de su pésimo gusto.

El debate comenzó bastante tranquilo, tan sólo un detalle me hizo percatarme de que estaba en presencia de una paladina de la retórica más torticera, corrigió a una oponente por el vergonzoso según ella, uso del término bebe para referirse al no nacido. Se veía que sabía bien de la importancia de las palabras. Después dio una lección.

Cuando la llegó su turno sentí escalofríos, simplemente había renacido la más típica ideología nacionalsocialista, el dominio de los más fuertes, la desaparición de las personas menos aptas en pos de la mejora de la raza. El término eugenesia, que su sola mención debería dar respeto, salió de su boca con la mayor naturalidad, defendió que por motivos eugenésicos el aborto debería estar permitido hasta el final del embarazo, puntualizó que para el resto de causas de aborto había que poner una ley de plazos, eso sí, mucho más amplios que los de la propuesta socialista. Si hasta aquí, el hecho de que la palabra eugenesia no saliera de un antiabortista y que fuera usada con alegría le parece escandaloso, prepárese para leer lo peor.

La moderadora, algo sorprendida supongo que muy a su pesar, preguntó a Eva que en que punto pensaba ella que empezaba a haber vida en el feto. La respuesta no merece comentarios, Eva considera que en vista de que legalmente los nacidos no son tales hasta un día después del parto…

Los puntos suspensivos los dejó ella misma hablando, no es un recurso literario del autor.

Curiosa sociedad ésta, condena el uso de la palabra negro, pero permite la palabra eugenesia.

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