sábado, 14 de noviembre de 2009

Freud miente

Carrillo miente. Así empezaba un libro del gran Ricardo De la Cierva sobre el otrora héroe de Paracuellos, el título es excelente por cuanto que planta cara al tema central sin ambages, es valiente, carece de complejos y no deja margen de duda sobre la catadura moral del personaje en cuestión. Toda una demostración de principios de quien no busca lectores despistados, si no más bien a los que distan mucho de despistarse. Tras la lectura, no queda más que dar la razón a De la Cierva y congratularse de que haya gente que se mantenga firme ante la mentira. Si algo ha matado el relativismo ha sido la capacidad de juzgar y la valentía para emitir veredicto, no quería que me pasara eso y de ahí un título tan vehemente, y es que ciertamente Freud se equivocó, y mucho, pero lo peor que hizo fue mentir para tapar sus errores.

Sigmund Freud pasará a la historia como un científico lamentable pero como un filósofo importante, y soy benévolo, realmente la mayoría considera sus trabajos como pseudociencia y han sido puestos como ejemplo a no seguir. Recomiendo pasearse un poco por Internet y echar un vistazo a la sección Criticas de la entrada de Freud en la Wikipedia, a partir de ahí empiecen a bucear en su trabajo y verán que hay unanimidad sobre el Freud científico.

Pero como digo su trabajo filosófico ha sido más importante, si bien su importancia radica en lo mucho que influyó más que en las certezas que aportó. Suyo es el mérito de haber sacado el sexo a la calle, de haber conseguido que dejara de ser un tema de conversación tabú para convertirlo en un tema de sobremesa, digamos que lo vulgarizó dotándolo a su vez de un poder casi hipnótico. Consiguió entrar en el ideario popular con términos como lapsus freudiano o subconsciente, y es que ante todo Freud fue y es, un filósofo populista que dió al hombre de la calle la excusa que necesitaba para hacer lo que quería y no lo que debía. Mención aparte merece su estudio sobre el yo, el superyo y el ello, no hay espacio para extenderse pero baste decir que siempre me pareció de un simpleza extrema y de una muy poca originalidad.

Freud volvió a mi mente cuando leí un artículo recientemente publicado sobre los recalcitrantes del psicoanálisis, y es que al parecer existen aún psicólogos que se empeñan en poner en práctica métodos demostrados falsos. Tranquiliza saber que las universidades lo han desterrado de sus estudios y que los freudianos están en vías de desaparición, el psicoanálisis es, como casi todo lo dicho por Freud, una invención más del autor sin base sólida sobre la que sustentarse.

Eliminada cualquier base racional sobre la teoría en sí, nos quedan los freudianos. ¿Qué hace que una persona crea en algo que sistemáticamente se la demuestra falso? Tuve un profesor de instituto que dedicó a Freud prácticamente un trimestre entero, con visionado de película incluido le dedicó mucho más tiempo que a Kant, a Decartes y a Santo Tomás juntos, y si hubiera tenido que elegir a un solo autor que enseñarnos ese curso le habría elegido a él, quizá sólo en disputa con Marx, y no es broma. La clave no puede estar en lo que enseña Freud puesto que no enseña nada, la clave hay que buscarla precisamente en lo que no enseña, en lo que hace olvidar. La capacidad que tuvo para hacer tambalearse todo el sistema moral occidental sigue vigente y los destructores siguen ávidos de derribo.

Y por último un ejemplo esclarecedor, una de sus adalides modernas, la psiquiatra María Teresa Miró, aclara que con los años "se ha ido matizando mucho el sesgo sexual de Freud", así tenemos que ya no se habla de la teoría falocéntrica o del complejo de castración de la mujer. Curioso. Resulta que la teoría ha admitido variaciones, y precisamente ha variado en aquellos campos que demanda la sociedad moderna de lo políticamente correcto, y es que sólo hay una cosa más fácil que inventarse una mentira, modificar una ya existente. ¿Se imaginan a la Iglesia cambiando alguno de sus dogmas después no de 70, si no de 2000 años? Menudo revuelo armarían los que usarían ésto como ejemplo de falibilidad. Gracias a Dios eso nunca pasará.

martes, 3 de noviembre de 2009

Sobre la crisis

Decía Benedicto XVI que el fracaso del sistema estaba basado en “la idolatría del dinero y en el egoísmo, que oscurecen en el hombre la razón y la voluntad y lo conducen por caminos errados”. Cuesta trabajo encontrar alguna definición de la crisis más acertada. La clave de Benedicto está en que entiende perfectamente el orden de importancia de los factores que intervienen en la crisis. En primer lugar siempre está el hombre, independientemente de que la crisis sea financiera, industrial o agrícola, siempre encontramos al hombre como motor económico y social, como instrumento de cambio o estancamiento.

Aprehendida esa máxima, la de que el hombre es, con sus actitudes y aptitudes el causante de las diversas coyunturas económicas de la historia, sólo queda observarle detenidamente para encontrar los problemas. El vacío existencial y la falta de metas vitales que vayan más allá del gozo de placeres materiales, la necesidad imperiosa de consumo y acaparación, la falta total de conmiseración y piedad por el más necesitado y el desprecio a la vida, no pueden dar como fruto otra cosa que no sea la quiebra económica de un sistema que ante todo, necesita del hombre como fuente de riqueza.

Recientemente dos noticias económicas, en apariencia contradictorias, ocuparon el primer plano de las secciones de economía de la prensa. La primera nos hablaba del aumento del paro, esta noticia no dejaba mucho margen a la interpretación, el desempleo es uno de los indicativos más fiables de crisis económica y también es uno de los datos que más repercusión tiene a pie de calle, la perdida del sustento mínimo en una familia significa prácticamente la quiebra de ésta. Pero curiosamente apareció otra noticia más sorprendente que indicaba recuperación e incluso bonanza, al parecer las ventas de vehículos se han disparado un 26,8% debido en gran parte a las medidas que el gobierno introdujo para reavivar el sector.

El mercado automovilístico español –como otros muchos- ha estado produciendo y vendiendo en exceso, las familias se empeñaban para pagar su coche o incluso su segundo coche y retiraban el viejo en condiciones de uso, esto se unía a una situación ya de por sí difícil, con una hipoteca y un coste de vida en aumento. Familias asfixiadas que libremente decidían asfixiarse más aumentando una burbuja consumista sin fin. El gobierno decide invertir en la burbuja, aumentando el gasto para evitar las quiebras empresariales, quiebras que inexorablemente se producirán cuando quiebren las familias. Sólo se conseguirá un retardo que aumentará las consecuencias de la crisis.

Tampoco conviene perder de vista el detalle de que sea precisamente el coche, pocos objetos hay que tengan el magnetismo de un coche, bandera de prosperidad y estandarte de una nueva cultura materialista sin Dios, un signo de progreso que mal entendido se lleva un porcentaje altísimo de los ingresos de una familia media. El primer gasto de un joven español mileurista que pocas o ninguna posibilidad tendrá de formar una familia y que quizá, desgraciadamente, ni le importe.

lunes, 2 de noviembre de 2009

La nueva COPE

Tras la ruptura de dos de las voces más importantes de la radio española con la COPE, se abrió un periodo de incertidumbre en torno al futuro de la emisora, quedaba por dilucidar quienes serían los directores de los programas que quedaban huérfanos –La Linterna y La Mañana- y también quienes acompañarían, como contertulios, a los que aceptaran el reto de sustituir tanto a Federico como a Vidal. No era fácil la decisión, asomarse al precipicio después de cosechar éxitos rotundos en audiencia era arriesgado, había que decidir entre ser ellos mismos o ser grandes, la unión de ambos conceptos parecía una quimera inalcanzable para Coronel de Palma.

Pasado el tiempo ya hay nombres sobre la mesa y algo más, tenemos el resultado de tal decisión, arriesgada en un principio, pero que si nos atenemos al producto final no podemos menos que encontrarla acertada.

Para acercarnos al problema debemos primero conocer a los protagonistas, ya que ambos inocularon a sus programas grandes dosis de su personalidad. Losantos ha sido y es un hombre polémico, desde posturas comunistas avanzó hacia convertirse en el liberal por bandera del panorama español, sin pelos en la lengua y con en ocasiones no poca falta de vergüenza, era capaz de repartir mandobles a diestro y siniestro sin ningún miramiento, la corona, el PP, la progresía nacional y por supuesto el gobierno pueden dar fe de ello. Entronizó al liberalismo convirtiéndolo en una pseudoreligión y de forma velada chocaba con varios puntos de la línea editorial de la COPE, ateo confeso y ambiguo en temas como el aborto se había ganado el desprecio de casi todo el mundo, ya casi nadie de relevancia acudía a su programa y deterioraba profundamente la imagen de la Conferencia Episcopal, él mismo no tuvo reparos en explicar la clave de su éxito en audiencia, al contar como cuando empezó, de forma premeditada atacó a Gabilondo y a su programa para así colocarse como la alternativa a éste. Con tales mañas, estaba claro que tarde o temprano chocaría con la cadena.

Si no fuera por su seguidismo rayano en la pleitesía hacia Losantos, diríamos que César Vidal pertenece a una cuerda bien distinta, de sólida cultura y con varias decenas de libros publicados –dejando aparte polémicas entorno a sus logros- forma parte de manera incuestionable de la intelectualidad de nuestro país. Brillante orador y buen escritor, su programa le tenía a él como principal reclamo y no defraudaba, cada noche con variedad abordaba los temas más diversos siempre con una visión única y original. Evangelista de religión, siempre mostró valentía al posicionarse en temas controvertidos y doy por sentado que su religión no ha sido determinante en su salida. Más determinante me parece su cercanía a Losantos.

¿Y que tenemos en la nueva COPE? Pues a la COPE de siempre como ellos mismos se han encargado de recordarnos, una emisora más próxima a la Conferencia Episcopal, con profesionales de la casa y con tertulianos de primer nivel, tanto católicos como laicos. Al timón de La Mañana han puesto a Ignacio Villa, y en poco tiempo hemos podido comprobar como los invitados de postín han vuelto, y que la línea del programa sigue siendo sólida y dura, La Tarde sigue en manos de Cristina López Schlichting sin apenas variación, mientras en La Linterna, Juan Pablo Colmenarejo huye de la comparación con Vidal haciendo un programa menos personalista y con más participación de los contertulios, entre éstos y compartiéndolos con los demás programas destacan sobremanera Juan Manuel de Prada y Juan Carlos Girauta.

Como buen oyente de radio que soy sólo me queda desearles suerte en esta nueva singladura de la emisora, esperando que puedan seguir durante muchos años haciendo la impagable misión que realizan y dándonos momentos radiofónicos maravillosos.