martes, 3 de noviembre de 2009

Sobre la crisis

Decía Benedicto XVI que el fracaso del sistema estaba basado en “la idolatría del dinero y en el egoísmo, que oscurecen en el hombre la razón y la voluntad y lo conducen por caminos errados”. Cuesta trabajo encontrar alguna definición de la crisis más acertada. La clave de Benedicto está en que entiende perfectamente el orden de importancia de los factores que intervienen en la crisis. En primer lugar siempre está el hombre, independientemente de que la crisis sea financiera, industrial o agrícola, siempre encontramos al hombre como motor económico y social, como instrumento de cambio o estancamiento.

Aprehendida esa máxima, la de que el hombre es, con sus actitudes y aptitudes el causante de las diversas coyunturas económicas de la historia, sólo queda observarle detenidamente para encontrar los problemas. El vacío existencial y la falta de metas vitales que vayan más allá del gozo de placeres materiales, la necesidad imperiosa de consumo y acaparación, la falta total de conmiseración y piedad por el más necesitado y el desprecio a la vida, no pueden dar como fruto otra cosa que no sea la quiebra económica de un sistema que ante todo, necesita del hombre como fuente de riqueza.

Recientemente dos noticias económicas, en apariencia contradictorias, ocuparon el primer plano de las secciones de economía de la prensa. La primera nos hablaba del aumento del paro, esta noticia no dejaba mucho margen a la interpretación, el desempleo es uno de los indicativos más fiables de crisis económica y también es uno de los datos que más repercusión tiene a pie de calle, la perdida del sustento mínimo en una familia significa prácticamente la quiebra de ésta. Pero curiosamente apareció otra noticia más sorprendente que indicaba recuperación e incluso bonanza, al parecer las ventas de vehículos se han disparado un 26,8% debido en gran parte a las medidas que el gobierno introdujo para reavivar el sector.

El mercado automovilístico español –como otros muchos- ha estado produciendo y vendiendo en exceso, las familias se empeñaban para pagar su coche o incluso su segundo coche y retiraban el viejo en condiciones de uso, esto se unía a una situación ya de por sí difícil, con una hipoteca y un coste de vida en aumento. Familias asfixiadas que libremente decidían asfixiarse más aumentando una burbuja consumista sin fin. El gobierno decide invertir en la burbuja, aumentando el gasto para evitar las quiebras empresariales, quiebras que inexorablemente se producirán cuando quiebren las familias. Sólo se conseguirá un retardo que aumentará las consecuencias de la crisis.

Tampoco conviene perder de vista el detalle de que sea precisamente el coche, pocos objetos hay que tengan el magnetismo de un coche, bandera de prosperidad y estandarte de una nueva cultura materialista sin Dios, un signo de progreso que mal entendido se lleva un porcentaje altísimo de los ingresos de una familia media. El primer gasto de un joven español mileurista que pocas o ninguna posibilidad tendrá de formar una familia y que quizá, desgraciadamente, ni le importe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario