Tras la ruptura de dos de las voces más importantes de la radio española con la COPE, se abrió un periodo de incertidumbre en torno al futuro de la emisora, quedaba por dilucidar quienes serían los directores de los programas que quedaban huérfanos –La Linterna y La Mañana- y también quienes acompañarían, como contertulios, a los que aceptaran el reto de sustituir tanto a Federico como a Vidal. No era fácil la decisión, asomarse al precipicio después de cosechar éxitos rotundos en audiencia era arriesgado, había que decidir entre ser ellos mismos o ser grandes, la unión de ambos conceptos parecía una quimera inalcanzable para Coronel de Palma.
Pasado el tiempo ya hay nombres sobre la mesa y algo más, tenemos el resultado de tal decisión, arriesgada en un principio, pero que si nos atenemos al producto final no podemos menos que encontrarla acertada.
Para acercarnos al problema debemos primero conocer a los protagonistas, ya que ambos inocularon a sus programas grandes dosis de su personalidad. Losantos ha sido y es un hombre polémico, desde posturas comunistas avanzó hacia convertirse en el liberal por bandera del panorama español, sin pelos en la lengua y con en ocasiones no poca falta de vergüenza, era capaz de repartir mandobles a diestro y siniestro sin ningún miramiento, la corona, el PP, la progresía nacional y por supuesto el gobierno pueden dar fe de ello. Entronizó al liberalismo convirtiéndolo en una pseudoreligión y de forma velada chocaba con varios puntos de la línea editorial de la COPE, ateo confeso y ambiguo en temas como el aborto se había ganado el desprecio de casi todo el mundo, ya casi nadie de relevancia acudía a su programa y deterioraba profundamente la imagen de la Conferencia Episcopal, él mismo no tuvo reparos en explicar la clave de su éxito en audiencia, al contar como cuando empezó, de forma premeditada atacó a Gabilondo y a su programa para así colocarse como la alternativa a éste. Con tales mañas, estaba claro que tarde o temprano chocaría con la cadena.
Si no fuera por su seguidismo rayano en la pleitesía hacia Losantos, diríamos que César Vidal pertenece a una cuerda bien distinta, de sólida cultura y con varias decenas de libros publicados –dejando aparte polémicas entorno a sus logros- forma parte de manera incuestionable de la intelectualidad de nuestro país. Brillante orador y buen escritor, su programa le tenía a él como principal reclamo y no defraudaba, cada noche con variedad abordaba los temas más diversos siempre con una visión única y original. Evangelista de religión, siempre mostró valentía al posicionarse en temas controvertidos y doy por sentado que su religión no ha sido determinante en su salida. Más determinante me parece su cercanía a Losantos.
¿Y que tenemos en la nueva COPE? Pues a la COPE de siempre como ellos mismos se han encargado de recordarnos, una emisora más próxima a la Conferencia Episcopal, con profesionales de la casa y con tertulianos de primer nivel, tanto católicos como laicos. Al timón de La Mañana han puesto a Ignacio Villa, y en poco tiempo hemos podido comprobar como los invitados de postín han vuelto, y que la línea del programa sigue siendo sólida y dura, La Tarde sigue en manos de Cristina López Schlichting sin apenas variación, mientras en La Linterna, Juan Pablo Colmenarejo huye de la comparación con Vidal haciendo un programa menos personalista y con más participación de los contertulios, entre éstos y compartiéndolos con los demás programas destacan sobremanera Juan Manuel de Prada y Juan Carlos Girauta.
Como buen oyente de radio que soy sólo me queda desearles suerte en esta nueva singladura de la emisora, esperando que puedan seguir durante muchos años haciendo la impagable misión que realizan y dándonos momentos radiofónicos maravillosos.
lunes, 2 de noviembre de 2009
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